(Editorial) Limpieza a fondo
A la par de acabar con las normas en desuso, el
Congreso debería terminar con las malas leyes
El
Congreso
se ha propuesto como meta depurar 11 mil disposiciones legales que en
términos prácticos no tienen ninguna utilidad. Para esto la Comisión
Especial de Ordenamiento Legislativo se encargará de ubicar aquellas
normas que ya han sido reemplazadas por normas nuevas pero que nadie se
ha dado el trabajo de derogar de manera expresa. Este trabajo
complementará el realizado por el anterior Parlamento, que derogó
expresamente 14 mil normas que ya habían dejado de usarse.
La iniciativa del Congreso es saludable, pues leyes más ordenadas son sinónimo de mayor certeza y más predictibilidad. Por eso, felicitamos que los parlamentarios se estén dando el trabajo de limpiar el sistema legal.
El problema es que el Congreso está pasando un plumero para quitar
el polvo que cubre los muebles de la casa, sin importarle que en todas
las habitaciones haya enormes bolsas de basura acumuladas. Y es que el
principal problema de nuestro sistema legal no es que existan normas que
nadie usa pero que el Congreso se olvidó de derogar expresamente, sino
que está lleno de leyes que sí se usan, pero más bien para entorpecer
las actividades de las personas.
Según el World Competitiveness Report, tres de los cuatro mayores
obstáculos para hacer negocios en el Perú tienen que ver con trabas
creadas por el propio ordenamiento legal: burocracia ineficiente,
regulaciones tributarias y regulaciones laborales demasiado
restrictivas.
Un estudio encargado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo ilustra una pequeña parte del costo que imponen
las normas ineficientes a la sociedad. Si todas las empresas de los
sectores afectados por barreras burocráticas denunciadas ante el
Indecopi durante el 2011 no hubiesen tenido que soportar esa absurda
carga, hubiesen ahorrado más de 600 millones de soles en un año (más de
dos veces el presupuesto de Pensión 65 o más de tres veces el
presupuesto del programa Cuna Más), generando aproximadamente 19.500
puestos de trabajo.
Pero la casa no solo enfrenta el problema de las bolsas de basura
que nadie recoge, sino que además produce diariamente más desechos sin
que a nadie parezca importarle: todos los meses se siguen aprobando
proyectos de ley que entorpecen las actividades privadas sin realmente
crear un beneficio a la sociedad. Esto se debe en parte a que los
congresistas hacen caso omiso a la sección de su reglamento que señala
que todo proyecto de ley debe ser acompañado por un adecuado análisis de
los costos y beneficios que generará. Por eso, no hay cómo saber si las
nuevas leyes traerán o no una utilidad neta.
Lo más irónico es que varios de los mismos congresistas que forman
la comisión encargada de pasar el plumero son quienes siguen ensuciando
la casa. Por ejemplo, el congresista Michael Urtecho propone crear un
registro único electrónico de historias clínicas y señala que esto “no
acarreará gastos al erario nacional”. ¿Acaso el congresista planea donar
las computadoras y el software necesarios para que funcione el
registro? ¿O de dónde piensa que saldrá su financiamiento?
O tomemos el caso del congresista Marco Tulio Falconí, que ha
propuesto un proyecto de ley para que el Estado distribuya una vez al
año un sueldo a todos los ciudadanos cuyos ingresos familiares mensuales
totales sean menores a 1.204 soles. Él señala que su iniciativa
legislativa no supondrá costos por cuanto “el Ministerio de Economía y
Finanzas se encargará de redistribuir las partidas presupuestales
correspondientes para habilitar recursos a dicho fondo”. ¿Acaso el
congresista no se da cuenta de que si le quita recursos presupuestales a
una partida alguien tendrá que asumir el costo? Si le quita dinero al
programa Juntos, por ejemplo, el costo lo asumirán los hogares en estado
de necesidad que hoy se benefician con ese programa.
Está muy bien que el Congreso haya sacado su plumero. Pero si
realmente se quisiera hacer una limpieza a fondo, tendría que mirar a su
alrededor y revisar sus prioridades.