El confuso caso del asesinato de dos niños que conmociona a España
Ruth y José desaparecieron en
el 2011. Un informe forense confundió sus restos con los de un roedor y
hoy constatan que pertenecían a los niños
Portada de la edición online que destaca el último informe forense. (Diario El País)
Madrid / Córdoba (DPA).
Durante casi 11 meses, la policía no paró de buscar a Ruth y José, dos
hermanos de seis y dos años que desaparecieron en Córdoba, en el sur de
España.
Hoy se supo que toda esa búsqueda que ha mantenido en vilo al país ha
sido en vano. Todo apunta a que están muertos desde que desaparecieron,
según un informe forense que deja en entredicho la labor de la policía
científica y el tiempo y el esfuerzo dedicados a la búsqueda de los
niños.
Por un error que fuentes de la institución califican como
“garrafal”, la policía científica no se dio cuenta de que había tenido
en sus manos prácticamente desde el principio la solución a uno de los
casos que más atención ha suscitado en la opinión pública española en
los últimos años.
DESAPARECIDOS EL 2011, ESTABAN CON SU PADRERuth
y José desaparecieron el 8 de octubre de 2011. La policía sospechó
desde entonces que su padre, José Bretón, era el responsable, en un acto
de venganza hacia la madre, Ruth Ortiz, que le acababa de pedir el
divorcio.
Los niños estaban con él cuando desparecieron y él aseguró que los
perdió en un parque. Bretón fue detenido pocos días después del suceso y
se encuentra desde entonces en prisión preventiva como único sospechoso
del secuestro de sus hijos.
Pero él, un ex militar al que los psiquiatras han atribuido un
coeficiente intelectual superior a la media y al que califican de
manipulador, nunca ha confesado. Y las fuerzas de seguridad no habían
logrado pruebas que demostraran su culpabilidad ni que desvelaran el
paredero de los niños.
RESTOS OSEOS “DE ROEDORES”Pocos días después de
la desaparición de Ruth y José, las fuerzas de seguridad encontraron
restos óseos entre las cenizas de una hoguera reciente en “Las
Quemadillas”, una finca de la familia del padre en las afueras de
Córdoba. La policía científica dictaminó que no eran de los niños, sino
de roedores. Y las investigaciones siguieron entonces otras líneas.
Incluso se llegó a especular con que Bretón hubiera dejado a los
pequeños a cargo de un compinche.
El informe de la policía científica parecía claro y contundente.
Pero la madre de los pequeños no se quedó satisfecha con él y, con el
permiso del juez y pagando con su propio dinero, envió los restos a un
reputado forense y antropólogo, Francisco Etxeberria, ex colaborador de
Baltasar Garzón en investigación de desapariciones del franquismo.
CALCINADOS EN CALCULADO CRIMENEn el de Ruth y
José, el resultado de su informe es demoledor: los restos de la hoguera
no eran de roedores, sino de al menos dos niños. Fijó incluso las
edades: dos y seis años, las mismas de José y Ruth cuando
desaparecieron. “Fueron víctimas de una muerte violenta de tipo homicida
desde el punto de vista médico legal”, dijo hoy a la edición online del
diario “El País”.
Bretón, presuntamente, se habría ayudado de una placa metálica para
convertir su hoguera en una especie de horno crematorio en el que se
llegaron a alcanzar los 800 grados, lo que destruye cualquier resto de
ADN e impedirá saber si los niños murieron antes de ser echados al fuego
o no. “La persona que la encendió sabía lo que estaba haciendo”, dijo
Etxeberria a “El País”.
El ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, confirmó hoy
que existe otro informe forense que apoya el de Etxeberria. Lo encargó
la propia policía a un experto en antropología dental que ha trabajado
en los yacimientos de Atapuerca al saber de los resultados del forense
contratado por la madre de Ruth y José.
GARRAFAL ERROR¿Cómo pudo entonces la policía
científica dictaminar que los restos de la hoguera eran de roedores y no
de los niños? “Estaríamos hablando de un error científico”, admitió el
ministro del Interior en una rueda de prensa convocada después de que
hoy se filtrara a la prensa el informe de Etxeberria. “Aplicaría la
máxima de que el mejor escribano comete un borrón”, dijo Fernández Díaz.
Pero Etxeberria asegura que “a simple vista” se podía comprobar que
los restos no eran de animales. Él tuvo en sus manos “cerca de dos
centenares de trozos de huesos, algunos del tamaño de una uña” y “nueve
dientes”.