Barack Obama prometió usar el
poder de su cargo para hacer todo lo que pueda para prevenir otra
masacre como la que el viernes se cobró la vida de 26 personas en una
escuela en Connecticut. Pero, ¿qué tan fuerte resulta la respuesta del
presidente estadounidense?
"Se nos dirá que las causas de esta violencia
son complejas y eso es cierto. Ninguna ley, ningún conjunto de leyes
puede eliminar el mal del mundo o prevenir todo acto de violencia sin
sentido en nuestra sociedad. Pero eso no puede ser una excusa para la
inacción. Seguro que podemos hacer algo mejor que esto", afirmó Obama.
Aunque el domingo no mencionó
directamente el espinoso tema del control de armas, en su aparición en
la vigilia por las víctimas de Newtown (una ciudad de 27.000 habitantes a
130 kilómetros de Nueva York) ofreció el compromiso más fuerte que un
mandatario haya realizado para luchar contra el poderoso lobby de las
armas, explica el editor de la BBC para América del Norte, Mark Mardell.
El viernes Adam Lanza, de 20 años, tras matar a
su madre, ingresó a la escuela Sandy Hook armado con dos pistolas y
cientos de balas para el rifle de asalto semiautomático Bushmaster AR
15, un arma similar a la que usan los soldados estadounidenses en
Afganistán, y dos pistolas.
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Vea nuestra cobertura sobre la matanza de Connecticut
"Estas tragedias deben terminar"
"No podemos tolerar más esto. Estas tragedias deben terminar. Y para que terminen tenemos que cambiar", dijo Obama.
"En las próximas semanas voy a utilizar todo el
poder que tiene esta oficina para contactar a mis conciudadanos desde
las agencias del orden a los profesionales de salud mental a los padres y
educadores en un esfuerzo encaminado a prevenir más tragedias como
ésta", agregó.
El diario estadounidense
The New York Times señaló que pese a que no dio detalles sobre las medidas que propondrá, se trató de un discurso "sorprendentemente firme".
"No podemos tolerar más esto. Estas tragedias deben terminar. Y para que terminen tenemos que cambiar"
Barack Obama, presidente de Estados Unidos
El discurso, agregó esta publicación, pareció prometer un "cambio significativo de dirección".
No es la del colegio Sandy Hook la primera
matanza de este tipo a la que Obama se enfrenta como presidente, pero
hasta el momento no había usado un lenguaje tan "definitivo" para
referirse al tema.
De hecho, el propio mandatario hizo notar que se trata de la cuarta vez que debe consolar a una comunidad tras un ataque.
La de Sandy Hook es la peor masacre en un centro de estudios desde la de Virginia Tech, en 2007, que dejó 33 muertos.
Pero el hecho de que ésta vez 20 de los muertos
fueran niños de 6 y 7 años le añadió un impacto emocional aún mayor a la
discusión.
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Lea también: Las víctimas del tiroteo
En el pasado, Obama pidió a cambios a las leyes
de armas federales y ofreció su apoyo para una nueva prohibición
determinados tipos de armamento de asalto.
La anterior fue introducida en 1994, la última
vez que se aprobó una ley importante sobre las armas, y expiró en 2004, y
el presidente reiteró su respaldo a una nueva en octubre pero no ha
pasado a la acción.
El domingo varios legisladores demócratas hicieron un llamado para aplicar restricciones a las armas.

Veinte de las 26 víctimas eran escolares de 6 y 7 años de edad.
"Creo que podría tratarse de un momento crítico
(...) en el que podríamos llegar a tomar alguna decisión", dijo el
senador demócrata Charles Schumer.
Pero en general hay reticencia en la clase política.
Según el Centro de Investigación Pew, en el año
2000 el 66% de los estadounidenses creía necesario priorizar el control
de armas por sobre el derecho constitucional a portar armas. Este año
ese porcentaje se redujo al 47%.
Con casi un arma por habitante, su extendida
popularidad en el país y la influencia del poderoso lobby de la
Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), al cual
pertenecen buena parte de los republicanos y demócratas, hacerle frente
al control de las armas pone en juego el capital político.
Incluso si el presidente tomara la iniciativa,
podría encontrar barreras institucionales en el camino pues el sistema
estadounidense implica que mucha de la legislación sobre armas es
definida por los estados más que por el gobierno federal.
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Lea también: ¿Cambiará la ley de armas en Estados Unidos?
La ley Brady, de 1993, requiere que se compruebe
el pasado de los compradores de armas, para evitar que las adquieran
personas con registros criminales o historiales de enfermedad mental.
Pero el 40% de las ventas de armas no están
sujetas a esta legislación porque tienen lugar entre individuos,
incluyendo ferias de armas o a través de internet.
Derecho constitucional
Puede resultar complejo comprender desde afuera
el significado de las armas en Estados Unidos y su asociación con la
libertad y los derechos.
Para algunos, la enmienda constitucional que
garantiza el derecho a portar armas es un baluarte contra la tiranía y
un medio práctico de protegerse.
Pero el presidente habló también de la
desesperada necesidad de los padres que quieren hacer todo lo posible
para proteger a sus hijos.
Obama se preguntó: "¿Estamos realmente
preparados para decir que somos impotentes frente a una matanza de este
tipo, que la política es demasiado dura? ¿Estamos preparados para decir
que este tipo de violencia que sufren nuestros niños año tras año es de
alguna manera el precio de nuestra libertad?".
"Hacer
llamamientos a acciones no es suficiente. Necesitamos acción inmediata.
Hemos escuchado esa retórica antes. Lo que no hemos visto es liderazgo
ni de la Casa Blanca ni del Congreso. Eso debe terminar hoy"
Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York
El acalde de Nueva York, el independiente
Michael Bloomberg, quien copreside la asociación Alcaldes contra las
Armas Ilegales, urgió a Obama a tomar medidas y dijo que debía ser la
prioridad en la agenda del presidente.
"Hacer llamamientos a acciones no es suficiente.
Necesitamos acción inmediata. Hemos escuchado esa retórica antes. Lo
que no hemos visto es liderazgo ni de la Casa Blanca ni del Congreso.
Eso debe terminar hoy", afirmó.
Ladd Everitt, portavoz de la Coalición para
Frenar la Violencia de las Armas, aseguró que era "hora de que el
presidente Obama hable de este asunto", con la misma convicción con que
defendió, por ejemplo, los matrimonios homosexuales y se enfrente a la
NRA.
El presidente del centro de estudios Instituto Cato, Robert A. Levy, le dijo al
The New York Times
que nuevas restricciones a las armas harían poca diferencia y defendió
focalizarse en la "detección temprana y tratamiento de enfermedades
mentales".
"Un sistema de detección temprana podría ser la base para un acceso restringido a las armas que hasta la NRA apoyaría", aseguró.
Mientras, la mayoría de los partidarios de leyes
laxas de armas permanecen en silencio, dice el editor de la BBC para
América del Norte, esperando que la emoción se aleje de los titulares de
prensa y que nada cambie.